Hacía demasiado que no escribía en el pequeño cuaderno de Papá. Tal vez fue porque él y mamá no paraban de hacer preguntas sobre por qué tenía la luz encendida a altas horas de la noche.
Esa noche fue cuando lo vi: LJ.
Llegaste a mi vida casi por casualidad. Acababa de mudarme y ya estaban haciéndome pruebas de nivel. Logré superar al menos lo mínimo y acceder a mi nuevo colegio. Para bien o para mal. Recuerdo que me asignaron al nivel alto de inglés en primer curso de la obligatoria, a pesar de que ese examen me salió desastroso. Tenía nervios de quién sería mi nuev@ compañero de mesa durante el resto del curso en esa asignatura, y allí estabas tú. Te sentaste con mal ceño, con una sonrisa de complaciencia, como si quisieras sentarte unas sillas más allá, donde pudo estar tu novia por aquel entonces. Cambiaste de parecer a las semanas de estar sentados así. El roce fue haciendo el cariño y comenzaba a disfrutar mi tiempo contigo.
Me resultó casi imposible de asimilar que los dos siguientes años coincidiéramos en el mismo nivel, y que además en los mismos asientos de una clase similar. Teníamos ventajas por habernos conocido el año pasado. Supongo que después de 3 años, amigos nos hicimos.
En cambio, todo cambió cuando los años nos pasaron factura el último año antes de graduarnos. Elegimos el mismo itinerario para estudiar, tal vez carreras parecidas. El caprichoso destino quería que volviéramos a sentarnos cerca. Tú delante y yo detrás. Era cómodo saber que al menos tendría a varios con los que hablar y conversar, hacer aquello más ameno. Para aquél entonces decidí darme por vencida con JG -la distancia no volvería a unirnos por segunda vez-, y ya estaba colgada de tu sonrisa. Aquélla que tanto me gustaba mirar aunque nos hubieran cambiado una vez más de sitios. Tampoco es que se dijera que nos mandaron muy lejos. Estábamos uno al lado del otro, separados por esa franja entre pupitres.
LJ, he de confesar que soñé tantas veces que en ese espacio que nos separaba nuestras manos lo llenaban. El año pasó antes de que quisiéramos darnos cuenta, y nos graduamos. Jamás olvidaré tus palabras: "Sora, menudo cambiazo. Estás muy guapa". Para cualquier otra chica de tu grupo podría haber significado un simple cumplido que significaba más para mí. Me enorgullecí de haber elgido ese vestido blanco de flores negras, con esos zapatos de tacón.
No quise cambiarme ni mudarme de nuevo, pese a las insistentes palabras de mis padres. Quería permanecer en aquel centro, disfrutando de los amigos que tenía, y para empezar a darme cuenta de a dónde queríamos llegar.
Dos años más volvieron a hacer que coincidiéramos en clase cerca. Será porque eras el número anterior al mío en la lista. Todos estos años que pasé a tu lado, en clase, mirándote con recelo, viendo que tú mirabas el resto del tiempo que yo no lo hacía, conformarme y enamorarme cada día más de tus bromas, tus tonterías por hacerme reír, y de tu sonrisa. LJ, ¿dónde quedó todo lo que teníamos? Poco a poco, en esos dos años antes de separarnos, comenzaste a cambiar, hasta tal punto en que casi no llegué a reconocerte. Llegué a pensar que sólo fuiste un capricho que nunca conseguí.
Un día me quedé roja de la vergüenza que me dio. Tú llevabas mirándome todo el día insistentemente, pero mi compañera de sitio, reclamaba también atención, de manera que aunque quisiera mirarle por encima de todo mi miedo a que lo supiera, no lo habría hecho. Finalmente tras largas horas de espera, ella me convenció de que tú sentías algo, sino sería una tontería quedarse mirando a alguien durante tanto tiempo. O al menos eso pensé. Me giré y empezaste a hacer esas tonterías que normalmente hacías o decías, según la ocasión. Esas mismas que me hacían reír por muy malo que hubiera sido mi día. Supongo que ahí quedo mi burbuja flotando en el aire, sumándose a otras muchas que ya llevaban ahí mucho más tiempo que la mía.
Al final, sucedió lo inimagible por todos los que conocían el secreto.
El último año que nos quedaba juntos, te echaste novia. Podría haberme fijado en otro, darme por vencida, pero seguía manteniéndome la esperanza de que alguna vez fuera yo la que te acompañaba. Me volví una egoísta, y lo siento. Odio mi propio ser por ello, pero no me quedaba otra cosa en la mente. Realmente hacíais buena pareja, tanto que fue entonces cuando decidí voltear la carta y dejarlo pasar. Dolió, ¿para qué negarlo? Veros tan felices, entregándo el uno al otro ese amor que tanto rozaba con la punta de los dedos pero no conseguía y entendía razón. Lo que más rabia me dio, o más bien los celos más fuertes fueron cuando os tocó delante en el avión para viajar a París. Y durante todo París, os odie, os deseé lo mejor y cambié tantas veces de humor que al final lo dejé. Me rendí.
LJ, disfruté muy buenos años de mi vida contigo y llegué a quererte tal vez como nadie nunca hará; pero ahora todo quedó cenizas. Sólo espero que seas feliz con tu elección, y que algún día, cuando seas mayor recuerdes al menos mi nombre.
~Sora
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